Igualación fiscal
Se trata de una política de destino que mantiene la carga fiscal del empleado al nivel de su país de origen: la empresa deduce del salario un impuesto hipotético correspondiente al país de origen y, a continuación, se encarga ella misma de liquidar los impuestos reales tanto del país de origen como del de destino. El empleado destinado no se ve ni beneficiado ni perjudicado por la situación fiscal del destino; las decisiones sobre movilidad siguen estando determinadas por motivos empresariales.
Cómo funciona la igualación en la práctica
La nómina retiene el impuesto hipotético —el impuesto que el empleado habría pagado en su país de origen sobre un salario estándar—, mientras que la empresa paga los impuestos reales del país de acogida (y los residuales del país de origen), a menudo a través de una nómina paralela. Una conciliación de fin de año ajusta todas las cuentas; las declaraciones de impuestos suelen ser elaboradas por los asesores de la empresa.
La política debe establecer unos límites: qué ingresos se igualan (normalmente el salario de la empresa, no las inversiones privadas), qué países se incluyen y qué ocurre en caso de salida anticipada; las cláusulas de liquidación cobran todo su sentido en el momento de la salida.
Preguntas frecuentes
¿Igualación fiscal o protección fiscal? ¿Cuál es la diferencia?
La igualación es simétrica: el empleado paga el impuesto correspondiente a su país de origen, independientemente de si el tipo impositivo del país de destino es más alto o más bajo, y la empresa asume la diferencia en ambos sentidos. La protección es unidireccional: la empresa solo complementa la diferencia si el destino supone un mayor coste para el empleado; los beneficios inesperados derivados de los bajos tipos impositivos del país de destino se quedan en manos del empleado. La igualación prevalece sobre los programas estructurados por su neutralidad.
¿Merece la pena la igualación fiscal para un solo cesionario?
En el caso de traslados individuales, suelen bastar soluciones más sencillas, como garantías netas sobre conceptos concretos o simplemente el salario local. La igualación resulta rentable en el conjunto de un programa, en el que la equidad entre los empleados destinados a distintos países y su disposición a repatriarse son más importantes que la simplicidad en cada caso concreto.