Empleo presuntivo
Es la conclusión jurídica según la cual una persona contratada como autónomo debe ser considerada como un trabajador por cuenta ajena —a efectos fiscales, de la Seguridad Social o de los derechos laborales— porque la realidad laboral es la de una relación laboral. Puede derivarse de auditorías, demandas judiciales o presunciones legales, y se aplica independientemente de lo que establezca el contrato.
De dónde proviene el empleo considerado como tal
- Regímenes fiscales: los impuestos del Reino Unido en virtud de la norma IR35 se consideran ingresos por trabajo por cuenta ajena; otros Estados reclasifican los honorarios como salario sujeto a retención en origen.
- Auditorías de la Seguridad Social: las resoluciones de Alemania sobre la situación de las personas y las evaluaciones del AHV suizo generan obligaciones de cotización con carácter retroactivo.
- Presunciones legales: la normativa de la UE posterior a la directiva presume la existencia de una relación laboral en el caso de los trabajadores de plataformas en régimen de dependencia y, en algunos Estados, también en el de otros contratistas.
- Reclamaciones de los trabajadores: personas que reclaman sus derechos laborales —preaviso, paga de vacaciones, protección frente al despido— al finalizar sus contratos.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto le cuesta al contratante el empleo presunto?
Normalmente, las cotizaciones sociales retroactivas del empresario y, a menudo, las del trabajador, con intereses; los déficits en las retenciones del impuesto sobre la renta; y los derechos laborales acumulados —varios años de exposición en la mayoría de los sistemas—. A ello hay que añadir sanciones cuando se constate negligencia. Siempre resulta más barato reestructurar la empresa a tiempo que perder el litigio más adelante.
¿Puede una cláusula contractual impedir que se considere que existe una relación laboral?
Ninguna cláusula prevalece sobre los hechos: los derechos de sustitución que nunca se han ejercido, el «alcance del proyecto» que se renueva mensualmente o el control del proveedor que solo existe sobre el papel se interpretan en contra del contratante. Los contratos son importantes como prueba, pero son las prácticas laborales las que marcan la diferencia.